Crónica Xoel Lopez en Sala Hangar

Xoel, solo quería que me llevaras a bailar

El gallego Xoel López ofreció un concierto en acústico repasando su repertorio en la Sala Hangar

Solo quería que me llevaras a bailar, así reza el segundo corte de su último disco. Ayer no nos hizo bailar físicamente, pero nos hizo viajar en el tiempo, en viajes de ida y vuelta y en recorridos circulares en torno a su carrera. Xoel ya no es Deluxe, hace años que no lo es, pero no reniega de ello, es más, incorpora al repertorio algunos temas. Xoel es más de madera, de guitarra acústica, de escasos artefactos sonoros que distorsionan, de brisas atlánticas del sur.

Xoel partió hace años desde Coruña hacia Madrid con escala de cinco años en Argentina. El deje porteño ha hecho mella en su discurso, canciones con más raíz alejadas de las influencias anglófilas de sus inicios, más madera y menos metal y, como antaño le pasó a los flamencos, se ha traído en la mochila esos cantes de ida y vuelta modernos.

Salió al escenario atravesando la barra del local con una guitarra acústica al hombro. Arrancó la noche con una sala abarrotada, más amplia, con mejoras sustanciales en el sonido y con el cartel de no hay billetes desde hacía días. La primera de la lista Patagonia, la segunda Hombre de ninguna parte, la tercera Almas del norte. Parecía que hasta desde el setlist quería contarnos una historia de tierras lejanas.

Acompañado en escena únicamente de sus guitarras, de un pedal que hacía efectos de voz en un micrófono de condensador con estética retro y de una mínima percusión que manejaba con el otro pie. Un mini hombre orquesta que en tres ocasiones se sentó al piano para interpretar sus más íntimas composiciones. Antídoto, Caracoles, Un año más, La boca del volcán, etc.

De repente, apareció el bueno de Scott. Ese norteamericano afincado en Córdoba, que toca la armónica como los ángeles y que Xoel lo descubrió gracias a YouTube tocando una de sus canciones. Subidos ambos en el escenario, firmaron dos momentos gloriosos con la sala entregada a los slide con una botella de cerveza de Xoel y los cambios agitados de armónica de Scott.

Avanza la noche y el gallego se enfunda un soporte de armónica y guitarra a lo Dylan para recordar temas de Deluxe como Tendrás que hacerlo mejor, Quemas, De vino y espejos e incluso para versionar al de Minnesota con un magnífico Oh, Sister por supuesto con la colaboración de Scott. A la colección de guitarras acústicas de diferentes tamaños y afinaciones no podía faltar un ukelele para activar el modo karaoke y que todo el mundo coreara Tierra o Reconstrucción.

Casi dos horas de emoción contenida, 17 temas, con un bis mediante, para terminar tocandoQue no de su época de Deluxe. La sala al grito unísono del estribillo se desgañitó. Una lástima que le persiga solo esa canción de ese bonito disco If things were to go wrong, canción que algunos ya tenemos aborrecida, probablemente él también.

Yo solo quería que me llevaras a bailar, como tantas veces has hecho cantando en español, en inglés y hasta en alemán. Muchas noches en bares hemos cerrado con tus himnos generacionales. Ayer no tocaba ese rollo, tocaba que me sacaras a pasear tus sentimientos aireados entre aviones, recuerdos del otro lado del charco y lo conseguiste. Maestría sobre tablas, te has hecho mayor, no de viejo sino de grande. Ayer me demostraste que eres un grande. Tocar la fibra en los surcos de un vinilo no es del todo complicado, pero hacerlo a cinco metros de distancia sí. Ayer lo hiciste.

La próxima vez solo quiero que me lleves a bailar, con tu sección de vientos, guitarras, bajo y batería como aquel Contempopranea escuchando la versión de perlas ensangrentadas.

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