Crónica Raphael en Teatro Axerquía

Raphael sigue siendo aquel

El cantante de Linares repasa 55 años de trayectoria profesional con la Orquesta de Córdoba

Miguel Rafael Martos Sánchez volvió a ser anoche aquel que hace tantos años cambió su nombre por un artístico Raphael intercalando el ph de Philips mientras paseaba por la compañía discográfica.

Raphael llenó el teatro de la Axerquía, que había colgado el cartel de no hay entradas hacía tiempo. En esta ocasión abandonaba la soledad del piano de cola de anteriores giras y se hacía rodear de la Orquesta de Córdoba. El cantante se encuentra enfrascado en una gira denominada Raphael Sinphónico que recorrerá 30 plazas en España para posteriormente cruzar el charco.

Elegir Ahora para arrancar un concierto, escrita por Bunbury (ex Héroes del Silencio), es una declaración de intenciones del punto donde se encuentra. Mantener vivo gran parte del repertorio de Manuel Alejandro es reconocer que sigue reinando en el universo raphaeliano. Escuchar sus letras es leer a pies juntillas parte de la biografía del de Linares. A veces hasta da miedo oír las melodías con la templanza de los años pasados. Nunca estaremos suficientemente agradecidos por sus canciones a este hombre eterno en la sombra.

Raphael sigue siendo aquel, una fuente inagotable de energía que puede estar casi tres horas en escena manteniendo la atención del respetable. Mermado de voz, sin llegar a esas notas a las que históricamente nos ha tenido acostumbrados, pero con una fuerza y entrega que para sí quisieran las hordas de grupos calcomanías que pueblan las radio fórmulas.

Raphael es un icono indie dentro de la cultura de masas, del mainstreaming. El único capaz de aglutinar, como si de un partido de la selección española se tratará, tanto a incipienteshipsters con barba arreglada que acompañan a sus padres, como a mujeres recién salidas de la peluquería con cardado y laca Nelly o como a la elite del cultureteo local. Y es que Raphael es eso, un icono. Él es capaz de actuar con el mismo porte en el Teatro Real ante chaquetas y chaqués y en el Festival Sonorama ante camisas hawaianas y pantalones cortos.

Hacerse acompañar de una orquesta aporta innumerables matices, reduce el tempo de las canciones y adereza la experiencia. Bien por la orquesta e increíbles los arreglos del director, que en alguna ocasión se vio destronado de su atril por un impetuoso Raphael que le arrebataba su batuta y simulaba dirigir ese barco del que nunca soltará del todo el timón. Cosas del artista.

El histrionismo hecho carne comenzó a relatar como si fuera una telenovela todos sus éxitos. Afortunadamente, hubo tiempo para un repertorio más oscuro, no tan habitual de anteriores recitales, aunque verdaderamente el público se entregó al 110 % con sus éxitos de toda la vida.

Provocación, Yo soy aquel, Te estoy queriendo tanto, Estuve enamorado, Como yo te amo,Ámame, Cuando tú no estás y así hasta 35 canciones y así hasta casi tres horas y así hasta que se despidió. Una tras otra, con sus peculiares bailes y desplantes, con sus idas y venidas, con sus tres bises que no se hacían de rogar. Raphael sigue siendo aquel.

Como traca final, un emocionado Qué sabe nadie, que sigue teniendo el regusto a canción protesta no identificada. Una versión karaoke, para que todo el mundo cante, de Escándalo y un tremendo Yo soy aquel que sonaba a reivindicación de “aquí hay Raphael para rato”

Raphael sigue siendo aquel que mis padres me ponían en un Seat 127 amarillo camino de las vacaciones, aquel de las tardes de televisión en blanco y negro con dos cadenas, aquel de la película El golfo, aquel que tanto gusta a mi madre y a las madres de media España, aquel que cada Navidad genera odios y pasiones. Pero sea lo que sea, él sigue siendo aquel.

PD: Esperemos que los gerifaltes culturales de esta ciudad tomen nota y estas colaboraciones tan necesarias hagan viable nuestra orquesta. Porque tenemos orquesta para dar y tomar, para hacer bandas sonoras, colaboraciones con artistas de todo pelaje y el respetable tiene ganas de ver todas esas cosas, tiene ganas de vosotros y vosotras, músicos y músicas. La prueba, ayer por la noche. No digo más.

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