Hoy inauguran un chino en mi calle

By 6 diciembre, 2012Blog

Hoy inauguran un chino en mi calle. Un restaurante chino, quiero decir. Un restaurante de esos del oso panda que come bambú vietnamita, como los platos con bambú vietnamita que tú te comes.

Tengo ganas, pero por ahora me abstengo, de ir a preguntar con voz de fino Oyonarte de los Enemigos <<¿vais a proyectar kunfu panda en vuestro restaurante?; ¿podríais hacer un cine de verano de sesión continua con la película de kun fu panda en Dolby Stereo Soundround 5 millones punto mil…?.>> ¡Como me gustaría ver la cara del oriental de turno intentado comprender la relación entre los rollitos de primavera y el Dolby!.

El acontecimiento bien merece una romería de niños atrevidos a la puerta del local. Los padres los azuzarán como espías enemigos del pacto de Varsovia, aliados con la verdad del adulto razonable.

Las colas son enormes para ver el auténtico espectáculo de la decoración occi-orien-tal y tal….luces de neón, flúor y demás luminiscencias. Baldosas blancas y negras, ajedrezadas sobre las que hay mostradores de comida caliente. Imagino que el sistema será de agua caliente…tendré que investigar.

Me acerco, dejo la acera que me separa del esplendor de los letreros del lugar. Jaguar es una marca de coche y también el nombre de mi nuevo restaurante preferido, aunque aún no lo sepa.

A priori me de la sensación de que es un buffet…barra libre de harina confitada condimentada, bronceada de aceite de soja de escasa o nula calidad…¡Viva el colesterol!.

Las ordas de vecinos se agolpan a la puerta y nadie se atreve a entrar. Sale un chino con uniforme imposible, bordados damasquianos de todo a cien. Nos invita  a pasar. Nos negamos. -¡No nos moverán!, ¡La calle es nuestra!- Lo pienso en silencio pero parece que alguien escucha mis pensamientos o quizás será que lo estoy gritado.

Fallido intento subversivo. Decido no seguir gritando.

Trazo una nueva estrategia de aliados y me hago coleguilla del jefe de la manada de espías infantiles. Detecto que es el capitán, porque se acerca sin respeto con su bicicleta sin frenos a la puerta. Acecha desafiante. Al menor descuido robará la propaganda de la inauguración, no sabemos para qué. Intento hablar con el elemento subversivo, pero desaparece de mi vista con su bici vieja BMX sin frenos.

Ya lo dice el dicho: si no puedes contra ellos únete a ellos…

Por cierto, no se si lo he dicho, pero desde hoy AMO la comida china.

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