Déjame una vuelta

By 9 septiembre, 2012Blog

 Déjame una vuelta. Como cuando éramos pequeños y nos pedíamos las bicicletas. ¿Me dejas una vuelta?. Que idioma universal teníamos. <<tío, déjame una vida que no te la gasto>> nos decíamos a escasos centímetros cogiendo con fuerza la maquinita recreativa en la que había que apagar un fuego con un Mickey y Donald portando una manguera.

Déjame una vuelta solíamos decir cuando algún amigo tenia esa bicicleta deseada. Normalmente era de color rojo, amortiguador delantero inutilizado por el hierro de la estructura, sillón alargado, pegatinas en blanco y negro…Déjame una vuelta. Que raro era entretenerse si no habías traído los cromos mientras esperabas tu turno en la ansiada contrarreloj de la manzana de los bloques de mi barrio. Colega, déjame una vuelta. Los cromos de fauna, de futbol o de algún dibujo animado de los que crean afición.

Déjame una vuelta.

Cambiábamos cromos en cantidades por calidades. 50 por Santillana, 25 por Arconada. Yo preferí hacerme el Valladolid, aunque nunca salio el entrenador. Cromos de futbol para esperas prolongadas, para vueltas de bici en la que apreciar la velocidad de las 2 llantas de todoterreno ciclista. Tío, déjame una vuelta. Las tardes pasaban y en la puerta de la cochera el mercado de fichajes aumentaba. Transacciones de ultima hora como si se cerrara el mercado de invierno y mientras tanto con el rabillo del ojo…tío, venga ya, déjame una vuelta.

Las bicicletas no sólo eran para el verano. Como tú. No eres solamente para el verano. Déjame una vuelta. Bueno sí no quieres dejarme la bici, déjame la maquinita. No seas abusón. Déjame una vuelta o déjame la maquinita que no te gasto vida.

No te gasto vida.

Carreras de coches, bolas de nieve y emoción. No te gasto vida. El acceso a la felicidad por 5 duros. Colega déjame que te la paso. Esta pantalla te la paso. Venga tío que no te gasto vida. Que run run constante mientras te sentías poderoso a los mando del mamotreto de madera con pantalla a todo color. No te gasto vida.

No sé…

Quizás piense ahora eso…

Déjame una vuelta…

Que no te gasto vida…

O sí.

No te gasto vida o te la gasto entera, decídelo.

Déjame una vuelta o no me dejes pasar, decídelo.

Ya lo decían las tormentas de  Mcenroe <<yo no voy ser quien te haga ver que estas equivocada>>

Déjame esa vuelta, déjame esa última vuelta.

No será fácil me arriesgo a ser Niki Lauda. No será fácil. Déjame la vuelta.

En fin…ya sabes que sigue faltándome el entrenador. Mi equipo no está completo. Me sobra una pinza de la ropa con la que prender el cromo de mi entrenador del Valladolid para poder jugar este partido. No te gastaré vida. Déjame la vuelta. Déjame volver. Volver con la bici de ruedas gordas, sin rodeos ni contrarrelojes a mi bloque. Con mi bici todoterreno. Te la dejo. Se que no me gastarás vida. Se acerca el game over. Cinco duros nunca dieron  para mucho.

Entonces ¿qué? Una vuelta…espero que sí.

Te llamo al móvil y pregunto: ¿Te recojo? ¿Te doy una vuelta?

Quizá el teléfono sea frío, quizás sea la situación. ¿Te recojo? Y ya van dos veces. Bueno…si no te viene mal…En fin, creo que te daré una vuelta. En 15 minutos estoy allí. Te recojo.re-cojo: volver a coger.

Cenamos. Todo parece igual. Algo habrá cambiado. No sé….quizás no. Bromas de caca y un poco de sexo oral para amenizar la cena. Los comensales nos miramos con miradas de complicidad, con miradas de…será verdad. Tú y yo nos miramos, nos tocamos de refilón.

¿Te doy una vuelta? Finaliza la cena. ¿Te llevo? No es necesario respondes. Insisto. Parece premeditado. Quizás si. No hay rehenes ni ropa sucia que recoger. Quizás no sea mala opción. ¿Te doy una vuelta? Aceptas.

¿Os acerco? El resto me dicen no. Solos nos quedamos, tú y yo.

Mientras conduzco, pienso, enséñame las cosas nuevas que tienes en tu nueva habitación. Podré opinar del cambio. Dicen que causa sensación. Mentalmente escucho darrera una revista quizás porque no se lo que dicen, quizás porque el ritmo me lleva a pensar en un abrazo intencionado en ese sofá de color chillón. Mientras cambio de marchas y nos acercamos a tu casa van pasando estribillos. No sé cuántos me quedan. Semáforos dos. ¿Giro a la izquierda? Sí por favor. Martini Bianco en la canción. Se acerca el sonido del patito de goma. El sonido de ya estamos llegando, el sonido de terminamos este cruce y llegamos.

Llegamos.

Aparcamos. Nada de dobles filas que faciliten una salida inmediata. Estacionamos en batería.

Atosígame. Quiero sentir la presión del agobio. Las neuronas resoplan. Presióname. Quiero verte como me presionas. Asalto final. Suenan las gomas del ring. Estírame más. Quiero ver hasta donde puedes llegar. Estoy intentando transmitir mi mensaje neuronalmente. Casualmente suena en la radio mentalismo. Eso quiero, mentalismo. Mentalismo.

Invítame a subir, será sensacional. Tan solo lo pienso. Dímelo ya.

Seguimos hablando en el coche. Cuando esto pase sabremos que era un acto de apareamiento más. Un guardar las formas y protocolos establecidos. Los dos sabemos que dentro de dos horas bajaré esas escaleras pensando en que podríamos haber aprovechado mas el tiempo. Pensando que este tiempo que ahora estamos pasando escuchando la radio en el coche a la espera de que el tiempo prudencial, de conversación vacía en la que los dos nos reímos de forma fingida, termine.

El tiempo parece que se termina. Suena de nuevo un gong. Tercer asalto y en la radio suena Mishima. Tiene que ser la señal. Canción poco o nada romántica para el ataque final. La batalla está en marcha. Palabras mágicas. Atosígame. ¿Subes? Of course.

Salón diáfano. Sofá de color. Rojo. ¿Rojo pasión el sofá? No lo recuerdo. ¿Quizás? Por supuesto. No lo olvidaría tan fácilmente después de lo que paso. Después de lo que tendría que callar. Cortinas aseguradas. Invisibles estamos ante las miradas indiscretas de las 4 de la mañana.

Funciono el mentalismo. Quizás emitiéramos en la misma frecuencia. Tu frecuencia es modulada al trasluz. Trasluz de la farola que tanto te molesta y que tanto me esta haciendo hoy disfrutar.

Gracias por la vuelta.

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